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	<title> &#187; cementerio</title>
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		<title>Cementerio 4 Final</title>
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		<pubDate>Mon, 25 May 2009 06:59:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>GaB</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Uno de los de adentro: Ya casi no se consiguen ratas, hay montones pero son muy inteligentes y no se dejan atrapar, en las noches las escuchamos en las vigas del techo. Para atrapar alguna, me embosco inmóvil durante horas, hasta que se atreva a bajar. Espero con paciencia felina, cuando está distraída le doy [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Uno de los de adentro: Ya casi no se consiguen ratas, hay montones pero son muy inteligentes y no se dejan atrapar, en las noches las escuchamos en las vigas del techo. Para atrapar alguna, me embosco inmóvil durante horas, hasta que se atreva a bajar. Espero con paciencia felina, cuando está distraída le doy un culatazo. A las primeras les cortaba la cabeza con la cuchilla, después de hidratarme, les hacia un corte en el estomago, sacaba las tripas y el pellejo, cuando la tenía “limpia” la cubría con pólvora y le prendía fuego, se quemaba la parte externa y la interna quedaba cruda.<span id="more-23"></span><br />
El resultado era una carne insípida de no ser por el gusto a carbón. Pero es tan difícil, hay tanta hambre y tanta sed. Nos hemos convertido en animales, hay un cierto placer en devorar al pequeño bicho cálido retorciéndose, chillando, sentir el corazón acelerado colapsar, escupir el intestino, la mierda. Estamos enfermos y muriendo. Quedamos seis, ya todos lo hemos escuchado, un violín, o estamos completamente locos o los malditos tombos se consiguieron un violinista.<br />
Uno de los de afuera: Al principio era un lamento leve arrastrado por el viento, creímos que salía de la iglesia, que había un violinista entre ellos, pero creció con las horas, cada vez más fuerte, mas inminente. El músico no estaba en la iglesia. Tomé la decisión de enviar a dos jóvenes a investigar, después de tres horas la música cambió.<br />
Se escucharon disparos sobre los que la melodía se impuso convertida ahora en un furor. Cada nota inflamaba el aire, el tiempo se detuvo, el alma pesaba como una gran roca en el pecho. La música se acercó con sustancia propia y a una velocidad inconcebible: ya estaba entre nosotros.<br />
Uno de los de adentro: afuera hay gritos y disparos, gritan que algo los está matando, algo que ellos no pueden matar. Parece que huyen, el campamento arde y desde acá veo bultos en el suelo, creo que son cadáveres. Solo queda la música. Pasan los minutos y se dirige hacia el este. El incendio se extiende gracias a los matorrales secos que cubren el maldito lugar, no tardará en invadir la iglesia. Es de noche, pero hay miles de mariposas siguiendo el sonido del violín, los tres que seguimos vivos decidimos apegarnos al plan, aprovechamos el caos para huir. Mientras corremos miro hacia atrás. Ahí está, envuelto en el fuego, salido de la más espantosa pesadilla, es un demonio hecho de huesos, se aleja, a su paso caen los hombres destrozados, algunos aun viven y se retuercen en el suelo, es como si la música de alguna manera los descuartizara.<br />
Ahora estamos cerca del escondite de los botes, no sé cómo llegué hasta acá, cierro los ojos y lo veo, en llamas, agitando el brazo sin piel ni músculo. Hace rato que tiembla y se escuchan voces horribles salir de la tierra, la canción vibra. Una última nota se arrastra y siento como unos dedos ardientes retuercen mi alma.<br />
Navegamos en silencio, espero que el fuego acabe con todos los cadáveres. No podremos regresar a nuestro pueblo, tal vez no vivamos para volver a nuestro país y comprobar que tanta diferencia hicimos. No sabemos si lo que vimos fue real o fue producto del hambre o la locura, pero sonreímos y a pesar de todo, esperamos que Damián tuviera razón.</p>
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		<title>Cementerio 4 tercera parte</title>
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		<pubDate>Wed, 30 Jul 2008 14:35:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>GaB</dc:creator>
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		<description><![CDATA[El está sentado de espaldas a Tomás, con la guitarra sobre las piernas y el cabello largo, jugueteando con el aire. Silva una tonada con aire despreocupado, tararea, canta: lo más terrible se aprende en seguida y lo hermoso&#8230; ¿Tomás? Se pone en pie frente a su amigo, lo mira a los ojos y habla:Tomás, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>El está sentado de espaldas a Tomás, con la guitarra sobre las piernas y el cabello largo, jugueteando con el aire. Silva una tonada con aire despreocupado, tararea, canta: lo más terrible se aprende en seguida y lo hermoso&#8230; ¿Tomás? Se pone en pie frente a su amigo, lo mira a los ojos y habla:Tomás, tenés razón siempre la tuviste, ella duerme aquí, no lo espera, nunca lo esperó. Pero el la busca, aún la ama. Por eso creí que vendría y que podríamos tocar juntos, sueño con eso desde niño cuando lo escuchamos por primera vez. ¿Te acordás? Ahora no creo que llegué a verlo jamás. Morir a los 23 y de esta manera.<span id="more-13"></span><br />
Levanta la cabeza y sonríe, se quita el cabello de la cara, está muy delgado, muy pálido, los brazos llagados y sucios, los ojos delatan llanto reprimido. Amplía la sonrisa y pregunta:<br />
_ ¿Qué dicen de nosotros Tomás, que dice la gente, salimos en la tele, somos héroes?<br />
Tomás duda, las preguntas se mezclan con las recriminaciones y le sellan la garganta.<br />
_ Dicen que no debieron hacerlo, murió gente inocente, en este país no se hacen las cosas de esa manera, el tipo era un cerdo y nadie lo llora, pero murieron niños, eso está muy mal y lo sabés.<br />
Tomás nunca creyó en un sistema perfecto, no puede poner las reglas sobre las personas, menos aun sobre aquellas a las que ama. No siente pasión por esa tierra de la que su amigo le habla, la del machete y los pies descalzos, la de los abuelos, el terruño extinto de Magón. Acepta que la patria debe ser más que llorar los fracasos de la selección nacional de fútbol y berrear en voz baja los himnos en los tediosos actos cívicos del colegio, pero no consigue resolver el misterio. Coreó furioso en las marchas las consignas anti todo, pero estuvo siempre conciente de su condición satelital, no le importaba gran cosa sin la influencia de su tovarisch.<br />
Un policía y un trovador revolucionario, ninguno de los dos encontró mejor forma de arreglar el país, uno por convicción y el otro por lo que le quedó de esa adolescencia de ideales prestados. Sabe que no está bien, sus estudios y su entrenamiento le dicen que así no se hacen las cosas, pero no ha pasado suficiente tiempo lejos de el para que Tomás se atreva a cuestionar las decisiones de ese hombre. No entiende y por eso intuye que lo que falla es su entendimiento.<br />
No tenés que quedarte a pudrirte ahí, no te han visto la cara y estas usando ese nombre falso. Escapate mae, todavía podés salir vivo de esto, pensá en tu familia, en mi, en Alba y los compas, regresan en una semana la playa.<br />
El recuerda cuando Tomás decidió unirse a la fuerza pública y sonríe, fue la primera vez que resolvió creer en algo, ignorar las recriminaciones, separarse del rebaño. Creía que así haría la diferencia y dijo que a la larga hasta Alba entendería<br />
_ No mae, los compas no regresan en una semana, no hubo playa.<br />
Tomás, no va a regresar nadie y yo no me voy a escapar, lo sabés mejor que yo. Después de lo que hicimos y lo que nos hacen hacer ahí encerrados ya no queda mucho de mi, me muero hoy mae, me término de morir.<br />
El cementerio desaparece, el universo se reduce a cuatro palabras: no hubo playa, Alba.<br />
_ ¡No mae no!&#8230; No creí que se atrevieran, pensé que solo lo decían por joder ¿Alba… está en la iglesia?<br />
Pasan un par de minutos, a lo lejos se escuchan risas, son los niños jugando escondido, más lejos una ráfaga de disparos cruza el aire, no hay respuesta. Solo risas lejanas y dos siluetas bajo la bóveda estrellada.<br />
_ Fue de las primeras, no fue bueno mae, sufrió mucho. Se suponía que no iba a ser así, llegábamos a los botes, nos perdíamos en Nicaragua y regresábamos por Guanacaste, como si hubiéramos estado en la playa. Dios nos hizo entrar es su casa para poder castigarnos y no vamos a pedir piedad. Conocemos bien el peso de nuestros pecados, pero aunque todos lloramos no es arrepentimiento, estamos orgullosos, es solo que amamos la vida, vos lo sabés. Pero también amamos a nuestra patria. La libertad es un compromiso no un aderezo, vos mismo lo decías.<br />
A pesar del recuerdo de uno de sus más celebres momentos de genialidad, su mente está enfocada en un solo objetivo. No sabe que pensar, que sentir, su rostro está completamente relajado, los parpados se mantienen abiertos con esfuerzo.<br />
_ ¿Ella dijo algo, me perdonó al fin?<br />
_ No dijo nada, perdió el conocimiento por las heridas y murió al día siguiente, pero vos la conocés.<br />
_ No me perdonó.<br />
_ No creo.</p>
<p>La luna arroja un manto leve sobre la estatua de una mujer amantando a un niño, frente a ella los dos amigos ríen en honor al carácter testarudo de la tan amada Alba Guevara. Guardan silencio. Tomás la recuerda, solía reclamar respeto por su parentesco inexistente con el legendario comandante. Recuerda su espantosa afición por los habanos, lo mucho que lo sorprendió aquella vez al decirle: Cuando tengamos un hijo le pondremos Fidel Ernesto, así llevará el nombre de nuestros dos santos.<br />
El otro la recuerda agonizando: Decile a ese hijueputa que lo odio, que es un traidor pendejo de mierda y que… que nos vemos del otro lado.</p>
<p>Tomás siente algo calido que lo rodea y un beso en la mejilla, su amigo lo abraza, se despide, sabe que el sabrá donde buscarlo en caso de que quiera verlo después<br />
_ ¿Y ya le avisaste a ella?<br />
_ ¡Claro huevón! Está como loca, no se como funciona pero creo que una vez deje mi cuerpo nos convertimos en un solo espíritu, literalmente. No entiendo mucho pero suena emocionante. Mae me tengo que ir pero decime, en ese sueño, cuando me matan. ¿Estoy tocando Silvio?<br />
_ Si, la canción del elegido.<br />
_ Eso pensé, adios Tomás.<br />
_ Adios Damián.</p>
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		<title>Cementerio 4 segunda parte</title>
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		<pubDate>Fri, 25 Apr 2008 02:49:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>GaB</dc:creator>
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		<description><![CDATA[ 
Tomás Alberto Castro Lara, el soldado más joven de esta guerra improvisada escucha en silencio la canción salir de la fortaleza enemiga, sus compañeros ríen y aplauden pero el permanece sombrío, es la confirmación de su sospecha, solo existe alguien capaz de tocar sus diez canciones favoritas en orden ascendente. Una agitación le recorre [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><span style="color: #996633;"> </span><br />
Tomás Alberto Castro Lara, el soldado más joven de esta guerra improvisada escucha en silencio la canción salir de la fortaleza enemiga, sus compañeros ríen y aplauden pero el permanece sombrío, es la confirmación de su sospecha, solo existe alguien capaz de tocar sus diez canciones favoritas en orden ascendente. Una agitación le recorre la espina. ¿Qué demonios hace el ahí adentro?<span id="more-9"></span><br />
Tomás se desliza entre cruces oxidadas y querubines mutilados, mientras se pregunta que tan grave será su propia situación, se dirige a la zona este de la necrópolis, los únicos dos lugares donde él se podría encontrar están ahí: la tumba de su novia o la de la mujer del esqueleto.<br />
La cara principal de la iglesia carece de ventanas, la puerta, sellada desde siempre por barras de un sospechoso metal oscuro, evita con mayor eficacia la salida que la entrada. Tres peldaños de roca esculpida a mano la conectan con un sendero de adoquines invadido casi por completo por la maleza. A un lado y al otro de la calzada se elevan imponentes mausoleos. Es la zona burguesa y está a un costado del campamento policial, en la zona menos vigilada.<br />
Desde sus días de adolescentes Tomás, Alba y el solían venir a diario, tenían una cordial amistad con la mayoría de los habitantes y conocían a perfección cada tumba y cada accidente del terreno, por lo que cualquiera de ellos se podría esconder en las sombras y atravesar las tiendas policiales sin ser advertido. Así lo hace Tomás para evitar explicaciones incomodas, llega rápido a menos de cien pasos de su objetivo final y saluda a Doña Carmelia quien se afana en arrancar con un largo plumero polvoriento las abundantes telas de araña de su “pequeño chalet invernal” como ella misma le llama. Su rostro carece casi totalmente de piel, la nariz ganchuda y los ojos hundidos, empotrada en pomposo vestido de diseñador francés del siglo XIV. Sostiene el plumero traído de las indias con las manos huesudas y ostenta el cabello como un impecable nido de oropéndola.<br />
<em>Buenas noches Doña Carmelia</em>, dice Tomás y levanta la voz pues sabe de la sordera de la matriarca. Un grupo de chiquillos aparece en el aire frente al joven y con gran alboroto lo atraviesan gritando: <em>¡Tomás la queda, Tomás la queda! </em><br />
Pero él los ignora, esta noche no vino a jugar. <em>Tomás la queda</em>, grita el más pequeño mientras doblan la esquina huyendo ahora de los ademanes amenazadores de doña Carmelia.<br />
<em>Es una barbaridad como se relaja la gente después de muerta, no es de buena sociedad eso de dejar a los chiquillos corretear por las calles como hacen los salvajes. A fe mía Tomasito, este residencial ya no es el de antes, ha perdido mucho prestigio en el último medio siglo. Pero dígame: ¿Es cierto eso de que se ha vuelto usted militar y que por esa razón la encantadora Alba no quiere saber nada de su merced?<br />
¿Hace cuanto estuvo el aquí?<br />
No hará veinte minutos, no ha dejado de venir una sola noche desde que se encerraron ahí, se queda en la tumba de esa mujer, parece que aun le obsesiona la idea de tocar con ese horrible esqueleto. ¡Gracias a la virgen nunca se a aparecido por aquí! No es que su música este mal, de hecho nunca en mi vida escuche mejor violín, ni en Londres ni en París y tampoco en mi muerte he logrado escuchar nada que le supere. ¡Pero tiene tan mala reputación! Dicen que viene hacia acá, nadie sabe como reaccionará al ver el lugar en el que yace su amada, pero temen que no sea algo bueno.</em><br />
<em>Me encantaría escucharle de nuevo, desde luego, una dama de sociedad sabe disfrutar una buena interpretación. Pero para ser honesta, no tengo ánimo para soportar su quijada colgante ni ese andar prepotente. ¡Hay, las cosas terribles que dicen de el!</em></p>
<p>Tomás lo sabe ahora, como supo hace años, esos sueños eran presagios, la abuela tenía razón. Lo sabe, pero necesita verlo.<br />
Camina en línea recta, no se da cuenta de que abandona el sendero, de que atraviesa las tumbas, sin peso ni sustancia. <em>Esos muchachos se deben cuidar más o pronto lo tendremos entre nosotros.</em> Sentencia Doña Carmelia, su esposo aprueba en con un gesto desde su mecedora mientras mira sobre su añejo ejemplar de “El fantasma de Canterville” al joven que se aleja corriendo.</p>
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		<title>Cementerio 4 primera parte</title>
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		<pubDate>Wed, 23 Apr 2008 20:09:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>GaB</dc:creator>
				<category><![CDATA[Lo que escribo]]></category>
		<category><![CDATA[cementerio]]></category>
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En el sector sur del viejo panteón la niebla y el humo se disputan el dominio de la madrugada.
En las ruinas de una modesta capilla, catorce hombres se mantienen en pie, el resto son cadáveres putrefactos, apilados sobre un charco de sangre espesa y pestilente. Cubiertos por una costra rojiza, los cuerpos [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p class="MsoNormal" style="color: #996633; text-align: center;" align="center"><span style="font-size:26;"> </span></p>
<p class="MsoNormal" style="color: #996633;"><span style="font-size:0;"> </span></p>
<p><span style="color: #996633;"> </span></p>
<p>En el sector sur del viejo panteón la niebla y el humo se disputan el dominio de la madrugada.</p>
<p>En las ruinas de una modesta capilla, catorce hombres se mantienen en pie, el resto son cadáveres putrefactos, apilados sobre un charco de sangre espesa y pestilente. Cubiertos por una costra rojiza, los cuerpos muestran una insolencia absurda, como si pretendieran ignorar su condición inerte los rostros mustios parecen rumiar asuntos de vital importancia. Algunos no tienen parpados. Por mas que lo intentaron no consiguieron cerrarles los ojos. <span id="more-8"></span></p>
<p>La pólvora se mezcla con el olor a podrido de los muertos.</p>
<p>Uno de los de adentro: Al principio espantábamos a las ratas, intentábamos preservar a los colegas caídos. Para cuando lográramos salir, (esboza una sonrisa desmayada) eran hombres buenos, con familias que los amaban, queríamos sus parientes los velaran, murieron por su patria y merecían, por lo menos, el honor de recibir sepultura cristiana.<br />
A los dos días comprendimos que era inútil, no teníamos provisiones y era primordial ahorrar la mayor cantidad de energía posible, los de afuera podían dar el golpe final en cualquier momento y no queríamos irnos en silencio.<br />
A la semana comprendimos que las ratas eran comida, fue dos días después de quedarnos sin agua, por suerte el escusado es de hueco.</p>
<p>Uno de los de afuera: Nadie sabe de donde salieron, un montón de atarantados con pasamontañas y kalashnikovs. Tienen una puntería infernal, desde que esto empezó hemos perdido más de ciento cincuenta colegas, hombres buenos, con familias que los amaban, murieron por su patria. Esos malparidos de ahí adentro merecen lo peor.<br />
Eran como cincuenta cuando entraron a la casa municipal, llegaron a matar al presidente, que estaba aquí en el pueblo excusando las promesas no cumplidas. (Escupe y hace una mueca de desprecio, limpia con el revés de la mano la saliva que le quedó en el bigote)<br />
¡Como si a alguien le importara ese viejo hijo de puta!<br />
Le metieron mas de doce balazos, lo último que supe fue que estaba en coma y muy delicado, pero quien sabe, esos millonarios están hechos como de piedra.<br />
(Mira al cielo, se aclara la garganta y pronuncia cuidadosamente cada silaba)<br />
Ojala se muera.</p>
<p>Uno de los de adentro: Nos detuvimos en la capilla por que vimos una luz, había una vela encendida y pensamos que podíamos conseguir algo de comida, pero no encontramos a nadie y aun no podemos explicar ese perverso culito de candela.<br />
En la pared este de la iglesia, flagelado y crucificado, encontramos un magnifico Jesucristo de yeso. Sonreía completamente ajeno al estado grotesco de su cuerpo, Antonio fue el que lo vio primero, cuando nos acercamos para admirarlo, empezó a llorar sangre.<br />
Supimos entonces que nuestra causa estaba bendita y nos arrodillamos todos a rezar, descuidamos la guardia. En el momento de más fervor llegaron ellos.<br />
Nos creímos invencibles, Dios estaba con nosotros, tomamos los fusiles y atacamos sin estrategia ni lógica, confiados en que nuestro Cristo sonriente dirigiría nuestras balas.<br />
Si no fue el, fue el diablo, por que todas fueron y sigue siendo mortales, aunque muchos de nosotros solo habíamos disparado un par de veces antes y algunos nunca lo habían hecho.<br />
Desde ese día los tiros y los muertos son diarios, esperábamos que entraran y nos acabaran, que quemaran la maldita iglesia.<br />
Cuando se dedicaron a esperar, creímos que eran cobardes.<br />
Luego empezamos a morir mas por enfermedades o por hambre que por tiros, supimos entonces que simplemente eran crueles.</p>
<p>Uno de los de afuera: Cuando los alcanzamos aquí, fue que se jodió la carajada.<br />
Este cementerio es enorme, aquí hay mas de seiscientos años de huesos y pellejos polvorientos. Dejaron usarlo hace como un siglo, como está en terreno fronterizo los dos gobiernos se pelearon por la finca y como siempre, solo lograron que entraran agencias internacionales y mientras se jalan las mechas esto es tierra de nadie.<br />
Logramos acorralarlos dentro por que ya estaban ahí, sepa el diablo haciendo que, pero si hubieran cruzado la frontera olvídese de que los agarrábamos.<br />
¿Ve donde terminan las tumbas y comienza la montaña? Eso ya está del otro lado, son miles de hectáreas de selva virgen.<br />
De esa cordillera bajan montones de ríos y me apuesto el litro de cacique que tengo para la noche a que estos hijueputas tienen mas de un bote preparado y bien escondido.<br />
Si llegaran al río no habría manera de rastrearlos y nadie les ha visto la cara.</p>
<p>Uno de los de adentro: Antonio tocaba Silvio, Serrat o Víctor Jara todas las tardes, su voz nos llenaba de algo semejante al sosiego, era el único que aun sonreía.<br />
Un día se le ocurrió tocar “El portoncito” creo que fue la primera vez que los de afuera escucharon la canción, por que celebraron con mas ánimo que nosotros la ocurrencia.<br />
Hasta acá llegaron las carcajadas.<br />
Hijos de puta.<br />
A Antonio lo mataron ayer, mientras tocaba “La canción del elegido”.<br />
La bala le desintegró la mano, destrozó el puente de la guitarra e inexplicablemente fue a reventarle el corazón. Aquí todas las balas dan en la cabeza o en el corazón.<br />
El silencio fue tan insoportable esa tarde que despedacé a plomazos el Cristo mientras me cagaba en la patria, en Dios y en la revolución.<br />
En otras condiciones cualquiera de mis compañeros me hubiera pegado un tiro por mucho menos que eso, pero ayer aprobaron inmóviles mis blasfemias y aplaudieron con un guiño burlón cuando acribillé al pedazo de yeso.<br />
Todos estábamos hartos de su sonrisa estúpida y su lagrimeo infértil.<br />
Hace dos horas, le pedí disculpas a Dios, a la patria y a la causa, pero los pedazos de yeso los tire por el hueco del escusado.<br />
¡Que se vaya a llorarle sangre a los cerotes!</p>
<p>Uno de los de afuera: Yo creo que deben ser guerrilleros entrenados, pero algo los volvió locos o se meten brown-brown, por que cuando los rodeamos, salieron casi de inmediato, aullando como demonios, cada disparo suyo se llevaba a uno de los nuestros. Supongo que no planearon bien el ataque y se quedaron sin balas, pero en ese primer encontronazo nos mataron a cuarenta y dos colegas.<br />
¿Nosotros? Solo acabamos a diez.<br />
Anoche les matamos al guitarrista y esta mañana murió Tomasito, habían pasado un par de días sin muertos en ningún bando.<br />
Creo que el se llamaba Antonio, parecía un buen muchacho, desde que lo maté el animo a caído en ambos grupos, ojala hubiera fallado el tiro.<br />
Cada vez están mas perturbados, hoy oímos disparos, maldiciones y después aplausos, debe de ser el hambre. Martín dice que vio a uno de ellos arrancarle de un mordisco la cabeza a una rata viva, pero es el tipo de historia que inventa con tal de que le inviten un trago. Con esta ya se va ganando el tercer litro.<br />
La orden la dio el presidente interino; tenemos retenerlos adentro hasta que mueran de hambre o se despedacen entre ellos. Mientras tanto nos mantienen viviendo como reyes, es como uno de esos hoteles todo incluido al que van solo los gringos o ellos, comemos hasta reventar, tomamos hasta rodar por el suelo. En total somos más de trescientos y siempre nos turnamos, mientras unos toman los engomados vigilan y matan.</p>
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		<title>Cementerio 2</title>
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		<pubDate>Thu, 10 Apr 2008 22:11:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>GaB</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Cuento]]></category>

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		<description><![CDATA[Damián miró al sol elevarse y acabar, sin previa advertencia, con su amada madrugada.
-¡Puta mierda!- dijo y bebió de prisa la última copa de vino. Ese vino barato con el que solía entrar en calor y que lo predisponía tan positivamente para según fuera el caso, matizar sus discusiones filosóficas o sus tertulias literarias y [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Damián miró al sol elevarse y acabar, sin previa advertencia, con su amada madrugada.<br />
-¡Puta mierda!- dijo y bebió de prisa la última copa de vino. Ese vino barato con el que solía entrar en calor y que lo predisponía tan positivamente para según fuera el caso, matizar sus discusiones filosóficas o sus tertulias literarias y que ella siempre rechazaba con amabilidad.<span id="more-7"></span><br />
La niebla se deslizaba lenta entre las lápidas, la brisa se entretenía despeinando algunas flores silvestres. Ambos se levantaron y caminaron en la misma dirección en silencio, sin que ella lo mirara ni se diera cuenta de que el la miraba como la miraba siempre, de reojo, como temiendo que desapareciera al mínimo descuido, como si el mismo aire que fastidiaba a las flores la pudiera arrebatar de su lado.<br />
Le atormentaba el terrible deseo de tomarle la mano, sentirla segura, cálida, palpitante, real, pero eso sería demasiado. ¿Tomar su mano en un arrebato de pasión, sin pedirlo, tomarla por sorpresa, más allá de toda predicción, entrelazar los dedos y estrecharla con tal firmeza que ni el poderoso huracán pudiera separarlos?<br />
No, el no era así, había aprendido a racionalizarlo todo, posibilidades, ramificaciones, consecuencias, nunca actuaba por impulso, se relacionaba sin correr riesgo, sin jugarse la piel. Operaba mediante un complicado sistema que burocratizaba hasta el mínimo gesto afectivo de una relación interpersonal.<br />
Así que caminaron distantes, como en polos opuestos de un planeta vaporoso y sombrío.</p>
<p>Después de un rato el se sorprendió a si mismo rompiendo el silencio:<br />
-¿Cómo se hace para no encariñarse?<br />
-Encariñarse no es malo, respondió ella con una sonrisa que ridiculizaba la belleza del amanecer.<br />
-¿No es malo? Preguntó el y arrugó la frente.<br />
-No, encariñarse no es malo, encariñarse, ENCARIÑARSE NO ES MALO, lo malo es… se detuvo pensativa.<br />
-Lo subrayás tanto que vas a romper la hoja, ¿Que es lo malo entonces?<br />
-Te queda de tarea, sonrió de nuevo.<br />
-¿Enamorarse, es enamorarse lo que es realmente malo? Su rostro se apagó.<br />
-Exacto, eso es lo malo, ¿pero que mirada es esa?<br />
-Y ¿Cómo se hace para no enamorarse?, tuvo que contener el llanto, ella lo notó pero disimuló con maestría.<br />
-Simplemente no se hace, no andás por ahí enamorándote de la primera chica que parezca salida de tus sueños, no es sano, no es inteligente, pero ya, no te pongás así.<br />
¡La vida es bella!</p>
<p>Llegaron por fin al lugar, la vieja cripta donde la había visto por primera vez, donde se encontraban todas las noches y donde se despedían todas las mañanas desde hacia tanto tiempo.<br />
El seguía como poseído por las palabras de un viajero medio loco que estuvo las tarde anterior en el pueblo: “El mundo es aquí y ahora, las cosas que no hagas hoy, probablemente no las podrás hacer mañana, no existe futuro y el pasado es inútil, la vida no es mas que un presente eterno, el momento es ahora, el mañana es un terrible misterio aun para los dioses”</p>
<p>-¿Qué te pasa, por que todavía tienes esa carita?<br />
-El mundo es aquí y ahora, no hay futuro, no hay mañana…<br />
-Se nos puso fatalista el niño, mirá claro que hay mañana pensalo un segundo, hoy es el mañana del ayer, tu presente eterno no dura mas que un momento, menos que eso, de hecho, vivimos en el futuro. ¿Lo escuchás? Tu amado esqueleto sigue tocando sin contar lunas ni soles, el sabe perfectamente que el tiempo solo es…<br />
No pudo terminar la frase.<br />
-¡Las cosas que no haga hoy no las haré nunca, la vida es aquí y ahora!, parecía contener un impulso demasiado poderoso, como si el rostro estuviera a punto de estallarle, aquí y ahora, se repetía. La niebla comenzó a disiparse.</p>
<p>-¡Te amo! Gritó.</p>
<p>Contra todas sus precauciones, contra todo lo que podría esperarse de el, la tomó de la mano, la estrechó en sus brazos y la besó, como nunca había besado a nadie, como nunca la habían besado antes.<br />
De haber estado viva el hubiera sentido sus latidos, si respirar fuera necesario para ella, su aliento hubiese llegado calido a la mejilla sonrojada.<br />
El ardor inexplicable de sus labios incineró todas las dudas, después de ese beso ella le sonrió y comenzó a desvanecerse.<br />
-Hasta la noche corazón, soñá bonito.<br />
-Si, respondió el, cerró los ojos e hizo una mueca, la luz del sol, demasiado fuerte ya, le dio en la cara.</p>
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		<title>Cementerio 1</title>
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		<pubDate>Wed, 09 Apr 2008 18:51:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>GaB</dc:creator>
				<category><![CDATA[Lo que escribo]]></category>
		<category><![CDATA[cementerio]]></category>
		<category><![CDATA[Cuento]]></category>

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		<description><![CDATA[Uno
Sentado sobre su lápida abandonada, un esqueleto toca violín con gesto solemne.
Llueve. Las cuencas donde una vez estuvieron sus ojos se llenan y desde ellas resbalan delgados hilos sobre lo que fuera su rostro. La mandíbula atada con un harapo rojo a modo de collar descansa entre sus costillas.
Su música es un manifiesto enérgico de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Uno<br />
Sentado sobre su lápida abandonada, un esqueleto toca violín con gesto solemne.</p>
<p>Llueve. Las cuencas donde una vez estuvieron sus ojos se llenan y desde ellas resbalan delgados hilos sobre lo que fuera su rostro. La mandíbula atada con un harapo rojo a modo de collar descansa entre sus costillas.<span id="more-6"></span></p>
<p>Su música es un manifiesto enérgico de felicidad una suerte de acertijo indescifrable. De pronto y sin dejar de tocar comienza a reír, sin voz, su risa es un estremecimiento leve de huesos, un traqueteo macabro y jubiloso.</p>
<p>Su cráneo, vacío de sesos almacena solo besos y palabras de amor.</p>
<p>Dos<br />
El esqueleto toca sin detenerse. Toca y espera.</p>
<p>Ríe, a veces baila con ridículos movimientos y exageradas reverencias. Mira el harapo que sostiene su quijada. Ella se lo dio. Ella que cubrió su cráneo con infinidad de besos y lo lleno con igual cantidad de secretos de amor.</p>
<p>Ella se lo dijo una vez:<br />
-Te amaré por siempre, jurá vos también que tu amor por mi será eterno, que seremos felices juntos hasta el final de este mundo y aun después.<em> </em><br />
El esqueleto no recordaba tener un inicio y no lograba imaginar lo que podía ser un final. A pesar de esto juró, sin la menor duda, sin confusión ni temor.</p>
<p>Respaldó su juramento con una promesa: Tocaría sin detenerse cada vez que se separaran y hasta que se volvieran a encontrar.</p>
<p>Por eso toca, a veces lento y cadencioso, otras frenético y violento. Es tan feliz como puede ser alguien hecho de huesos y su felicidad aumenta cada madrugada. Pues él interpreta cada día esperado como día menos de ausencia. No logra entender que la retrasa tanto esta vez. Pero  presiente su regreso.</p>
<p>Esa misma noche, sin embargo, la razón y la presión de los consejos consiguieron doblegar el amor en el joven corazón de su amada.</p>
<p>Utilizando la lógica y otros venenos semejantes ella acabó por asesinar su pasión, y sobre el cadáver aun palpitante arrojó el siguiente epitafio:</p>
<p>-No es sabio amar a un músico. Alguien que se pasa los días amando a su creación, cuya devoción pertenece por sobre todo a su instrumento. Quien dice amar, pero no ama más que la sensación que le produce el decirse amante. Mira con atención tus ojos, pero realmente lo que busca en ellos es su propio reflejo.</p>
<p>No, no es inteligente amar a un músico, pero es más tonto aún, amar a un esqueleto.</p>
<p>Es cierto que posee elegancia y misterio. Pero también es cierto que es un ser amante de la soledad que le atormenta. Un obseso coleccionista de amaneceres con los huesos incendiados por insólita pasión. Un loco vagabundo perdido entre lápidas. Un domador de mariposas.</p>
<p>Es un escándalo. Socialmente inaceptable desde cualquier punto que se le analice. A fin de cuentas, no importa tanto la intensidad de un sentimiento u emoción como la cercanía, disponibilidad y prestigio de su fuente.</p>
<p>Complacida con la sensatez de lo que lo que ella consideraba discretos pensamientos, aceptó los galanteos del primero que la cortejó. Con radiante sonrisa, olvidó al esqueleto e inició enérgica la construcción de su nueva felicidad al lado de algún terrateniente viejo y absolutamente inepto en todo aquello que no fuera amasar y derrochar fortunas.</p>
<p>Tres</p>
<p>El esqueleto mira absorto la nueva lápida,<br />
las tumbas se estremecen,<br />
sus habitantes lloran,<br />
ríen,<br />
cantan<br />
o gritan desesperados.</p>
<p>Las mariposas enloquecen,<br />
destrozan sus alas.</p>
<p>Rumor de grillos…</p>
<p>…silencio.</p>
<p>Sobre una pila de huesos y diminutos cadáveres amarillos,<br />
descansa un violín,<br />
el arco está roto,<br />
las cuerdas parecen sangrar.</p>
<p>El viento arrastra un harapo rojo.</p>
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