Cafeína y Amor
Trabajaba en la casa de mi madre cuando esta me llamó a almorzar, le dije que no tenía hambre, a lo que replicó recordándome la importancia del alimento para el organismo. A mis 19 años, inspirado por quien sabe que pendejada filosófica que seguramente estaría leyendo en ese momento y sosteniendo una jarra llena hasta poco menos de la mitad con café frio desde hace quien sabe cuantas horas le respondí:
Solo necesito cafeína y amor para vivir. Ah, en ese caso debería conseguirse una mujer para que le haga el café. Me recomendó.
Soy perfectamente capaz de hacer un excelente café por mis propios medios. Le respondí disimulando el grado de escándalo que produjo en mí la naturaleza de su comentario. Coloqué la jarra en un banco y continué mi labor.
Ella meditó poco y respondió con total seriedad: Pues en ese caso debería conseguir una mujer que le haga el amor .
A pesar de sus intentos por minimizar el efecto de su recomendación, calificándola de broma de mal gusto, el daño estaba hecho. Mi pulgar izquierdo inflamado por el martillazo palpitaba sin recibir demasiada atención, tenía un nuevo propósito a cumplir, después de todo siempre me he caracterizado por ser un hijo obediente.1
1 En realidad nunca fui obediente, fui más bien un desastre de hijo hasta los 20 tantos. Es la única parte del relato que falta a la verdad, pero me pareció interesante y cómico para cerrar xD.
Si algo es el amor, es este manuscrito que encontré entre papeles viejos de mi madre:
Voy a escoger un día
para amarte…
Un día lleno de sol,
luz y calor…
Un día que pueda
escribir en el celaje:
¡Te amo!
Con tinta imborrable,
con gestos, besos
y palabras suaves.
Dejar impreso
en la inmensidad
del cielo
mi amor por ti
mi admiración
y mi respeto.
-Lucía López-