Cementerio 4 tercera parte
El está sentado de espaldas a Tomás, con la guitarra sobre las piernas y el cabello largo, jugueteando con el aire. Silva una tonada con aire despreocupado, tararea, canta: lo más terrible se aprende en seguida y lo hermoso... ¿Tomás? Se pone en pie frente a su amigo, lo mira a los ojos y habla:Tomás, tenés razón siempre la tuviste, ella duerme aquí, no lo espera, nunca lo esperó. Pero el la busca, aún la ama. Por eso creí que vendría y que podríamos tocar juntos, sueño con eso desde niño cuando lo escuchamos por primera vez. ¿Te acordás? Ahora no creo que llegué a verlo jamás. Morir a los 23 y de esta manera.
Levanta la cabeza y sonríe, se quita el cabello de la cara, está muy delgado, muy pálido, los brazos llagados y sucios, los ojos delatan llanto reprimido. Amplía la sonrisa y pregunta:
_ ¿Qué dicen de nosotros Tomás, que dice la gente, salimos en la tele, somos héroes?
Tomás duda, las preguntas se mezclan con las recriminaciones y le sellan la garganta.
_ Dicen que no debieron hacerlo, murió gente inocente, en este país no se hacen las cosas de esa manera, el tipo era un cerdo y nadie lo llora, pero murieron niños, eso está muy mal y lo sabés.
Tomás nunca creyó en un sistema perfecto, no puede poner las reglas sobre las personas, menos aun sobre aquellas a las que ama. No siente pasión por esa tierra de la que su amigo le habla, la del machete y los pies descalzos, la de los abuelos, el terruño extinto de Magón. Acepta que la patria debe ser más que llorar los fracasos de la selección nacional de fútbol y berrear en voz baja los himnos en los tediosos actos cívicos del colegio, pero no consigue resolver el misterio. Coreó furioso en las marchas las consignas anti todo, pero estuvo siempre conciente de su condición satelital, no le importaba gran cosa sin la influencia de su tovarisch.
Un policía y un trovador revolucionario, ninguno de los dos encontró mejor forma de arreglar el país, uno por convicción y el otro por lo que le quedó de esa adolescencia de ideales prestados. Sabe que no está bien, sus estudios y su entrenamiento le dicen que así no se hacen las cosas, pero no ha pasado suficiente tiempo lejos de el para que Tomás se atreva a cuestionar las decisiones de ese hombre. No entiende y por eso intuye que lo que falla es su entendimiento.
No tenés que quedarte a pudrirte ahí, no te han visto la cara y estas usando ese nombre falso. Escapate mae, todavía podés salir vivo de esto, pensá en tu familia, en mi, en Alba y los compas, regresan en una semana la playa.
El recuerda cuando Tomás decidió unirse a la fuerza pública y sonríe, fue la primera vez que resolvió creer en algo, ignorar las recriminaciones, separarse del rebaño. Creía que así haría la diferencia y dijo que a la larga hasta Alba entendería
_ No mae, los compas no regresan en una semana, no hubo playa.
Tomás, no va a regresar nadie y yo no me voy a escapar, lo sabés mejor que yo. Después de lo que hicimos y lo que nos hacen hacer ahí encerrados ya no queda mucho de mi, me muero hoy mae, me término de morir.
El cementerio desaparece, el universo se reduce a cuatro palabras: no hubo playa, Alba.
_ ¡No mae no!... No creí que se atrevieran, pensé que solo lo decían por joder ¿Alba… está en la iglesia?
Pasan un par de minutos, a lo lejos se escuchan risas, son los niños jugando escondido, más lejos una ráfaga de disparos cruza el aire, no hay respuesta. Solo risas lejanas y dos siluetas bajo la bóveda estrellada.
_ Fue de las primeras, no fue bueno mae, sufrió mucho. Se suponía que no iba a ser así, llegábamos a los botes, nos perdíamos en Nicaragua y regresábamos por Guanacaste, como si hubiéramos estado en la playa. Dios nos hizo entrar es su casa para poder castigarnos y no vamos a pedir piedad. Conocemos bien el peso de nuestros pecados, pero aunque todos lloramos no es arrepentimiento, estamos orgullosos, es solo que amamos la vida, vos lo sabés. Pero también amamos a nuestra patria. La libertad es un compromiso no un aderezo, vos mismo lo decías.
A pesar del recuerdo de uno de sus más celebres momentos de genialidad, su mente está enfocada en un solo objetivo. No sabe que pensar, que sentir, su rostro está completamente relajado, los parpados se mantienen abiertos con esfuerzo.
_ ¿Ella dijo algo, me perdonó al fin?
_ No dijo nada, perdió el conocimiento por las heridas y murió al día siguiente, pero vos la conocés.
_ No me perdonó.
_ No creo.
La luna arroja un manto leve sobre la estatua de una mujer amantando a un niño, frente a ella los dos amigos ríen en honor al carácter testarudo de la tan amada Alba Guevara. Guardan silencio. Tomás la recuerda, solía reclamar respeto por su parentesco inexistente con el legendario comandante. Recuerda su espantosa afición por los habanos, lo mucho que lo sorprendió aquella vez al decirle: Cuando tengamos un hijo le pondremos Fidel Ernesto, así llevará el nombre de nuestros dos santos.
El otro la recuerda agonizando: Decile a ese hijueputa que lo odio, que es un traidor pendejo de mierda y que… que nos vemos del otro lado.
Tomás siente algo calido que lo rodea y un beso en la mejilla, su amigo lo abraza, se despide, sabe que el sabrá donde buscarlo en caso de que quiera verlo después
_ ¿Y ya le avisaste a ella?
_ ¡Claro huevón! Está como loca, no se como funciona pero creo que una vez deje mi cuerpo nos convertimos en un solo espíritu, literalmente. No entiendo mucho pero suena emocionante. Mae me tengo que ir pero decime, en ese sueño, cuando me matan. ¿Estoy tocando Silvio?
_ Si, la canción del elegido.
_ Eso pensé, adios Tomás.
_ Adios Damián.