Cementerio 4 primera parte

En el sector sur del viejo panteón la niebla y el humo se disputan el dominio de la madrugada.

En las ruinas de una modesta capilla, catorce hombres se mantienen en pie, el resto son cadáveres putrefactos, apilados sobre un charco de sangre espesa y pestilente. Cubiertos por una costra rojiza, los cuerpos muestran una insolencia absurda, como si pretendieran ignorar su condición inerte los rostros mustios parecen rumiar asuntos de vital importancia. Algunos no tienen parpados. Por mas que lo intentaron no consiguieron cerrarles los ojos.

La pólvora se mezcla con el olor a podrido de los muertos.

Uno de los de adentro: Al principio espantábamos a las ratas, intentábamos preservar a los colegas caídos. Para cuando lográramos salir, (esboza una sonrisa desmayada) eran hombres buenos, con familias que los amaban, queríamos sus parientes los velaran, murieron por su patria y merecían, por lo menos, el honor de recibir sepultura cristiana.
A los dos días comprendimos que era inútil, no teníamos provisiones y era primordial ahorrar la mayor cantidad de energía posible, los de afuera podían dar el golpe final en cualquier momento y no queríamos irnos en silencio.
A la semana comprendimos que las ratas eran comida, fue dos días después de quedarnos sin agua, por suerte el escusado es de hueco.

Uno de los de afuera: Nadie sabe de donde salieron, un montón de atarantados con pasamontañas y kalashnikovs. Tienen una puntería infernal, desde que esto empezó hemos perdido más de ciento cincuenta colegas, hombres buenos, con familias que los amaban, murieron por su patria. Esos malparidos de ahí adentro merecen lo peor.
Eran como cincuenta cuando entraron a la casa municipal, llegaron a matar al presidente, que estaba aquí en el pueblo excusando las promesas no cumplidas. (Escupe y hace una mueca de desprecio, limpia con el revés de la mano la saliva que le quedó en el bigote)
¡Como si a alguien le importara ese viejo hijo de puta!
Le metieron mas de doce balazos, lo último que supe fue que estaba en coma y muy delicado, pero quien sabe, esos millonarios están hechos como de piedra.
(Mira al cielo, se aclara la garganta y pronuncia cuidadosamente cada silaba)
Ojala se muera.

Uno de los de adentro: Nos detuvimos en la capilla por que vimos una luz, había una vela encendida y pensamos que podíamos conseguir algo de comida, pero no encontramos a nadie y aun no podemos explicar ese perverso culito de candela.
En la pared este de la iglesia, flagelado y crucificado, encontramos un magnifico Jesucristo de yeso. Sonreía completamente ajeno al estado grotesco de su cuerpo, Antonio fue el que lo vio primero, cuando nos acercamos para admirarlo, empezó a llorar sangre.
Supimos entonces que nuestra causa estaba bendita y nos arrodillamos todos a rezar, descuidamos la guardia. En el momento de más fervor llegaron ellos.
Nos creímos invencibles, Dios estaba con nosotros, tomamos los fusiles y atacamos sin estrategia ni lógica, confiados en que nuestro Cristo sonriente dirigiría nuestras balas.
Si no fue el, fue el diablo, por que todas fueron y sigue siendo mortales, aunque muchos de nosotros solo habíamos disparado un par de veces antes y algunos nunca lo habían hecho.
Desde ese día los tiros y los muertos son diarios, esperábamos que entraran y nos acabaran, que quemaran la maldita iglesia.
Cuando se dedicaron a esperar, creímos que eran cobardes.
Luego empezamos a morir mas por enfermedades o por hambre que por tiros, supimos entonces que simplemente eran crueles.

Uno de los de afuera: Cuando los alcanzamos aquí, fue que se jodió la carajada.
Este cementerio es enorme, aquí hay mas de seiscientos años de huesos y pellejos polvorientos. Dejaron usarlo hace como un siglo, como está en terreno fronterizo los dos gobiernos se pelearon por la finca y como siempre, solo lograron que entraran agencias internacionales y mientras se jalan las mechas esto es tierra de nadie.
Logramos acorralarlos dentro por que ya estaban ahí, sepa el diablo haciendo que, pero si hubieran cruzado la frontera olvídese de que los agarrábamos.
¿Ve donde terminan las tumbas y comienza la montaña? Eso ya está del otro lado, son miles de hectáreas de selva virgen.
De esa cordillera bajan montones de ríos y me apuesto el litro de cacique que tengo para la noche a que estos hijueputas tienen mas de un bote preparado y bien escondido.
Si llegaran al río no habría manera de rastrearlos y nadie les ha visto la cara.

Uno de los de adentro: Antonio tocaba Silvio, Serrat o Víctor Jara todas las tardes, su voz nos llenaba de algo semejante al sosiego, era el único que aun sonreía.
Un día se le ocurrió tocar “El portoncito” creo que fue la primera vez que los de afuera escucharon la canción, por que celebraron con mas ánimo que nosotros la ocurrencia.
Hasta acá llegaron las carcajadas.
Hijos de puta.
A Antonio lo mataron ayer, mientras tocaba “La canción del elegido”.
La bala le desintegró la mano, destrozó el puente de la guitarra e inexplicablemente fue a reventarle el corazón. Aquí todas las balas dan en la cabeza o en el corazón.
El silencio fue tan insoportable esa tarde que despedacé a plomazos el Cristo mientras me cagaba en la patria, en Dios y en la revolución.
En otras condiciones cualquiera de mis compañeros me hubiera pegado un tiro por mucho menos que eso, pero ayer aprobaron inmóviles mis blasfemias y aplaudieron con un guiño burlón cuando acribillé al pedazo de yeso.
Todos estábamos hartos de su sonrisa estúpida y su lagrimeo infértil.
Hace dos horas, le pedí disculpas a Dios, a la patria y a la causa, pero los pedazos de yeso los tire por el hueco del escusado.
¡Que se vaya a llorarle sangre a los cerotes!

Uno de los de afuera: Yo creo que deben ser guerrilleros entrenados, pero algo los volvió locos o se meten brown-brown, por que cuando los rodeamos, salieron casi de inmediato, aullando como demonios, cada disparo suyo se llevaba a uno de los nuestros. Supongo que no planearon bien el ataque y se quedaron sin balas, pero en ese primer encontronazo nos mataron a cuarenta y dos colegas.
¿Nosotros? Solo acabamos a diez.
Anoche les matamos al guitarrista y esta mañana murió Tomasito, habían pasado un par de días sin muertos en ningún bando.
Creo que el se llamaba Antonio, parecía un buen muchacho, desde que lo maté el animo a caído en ambos grupos, ojala hubiera fallado el tiro.
Cada vez están mas perturbados, hoy oímos disparos, maldiciones y después aplausos, debe de ser el hambre. Martín dice que vio a uno de ellos arrancarle de un mordisco la cabeza a una rata viva, pero es el tipo de historia que inventa con tal de que le inviten un trago. Con esta ya se va ganando el tercer litro.
La orden la dio el presidente interino; tenemos retenerlos adentro hasta que mueran de hambre o se despedacen entre ellos. Mientras tanto nos mantienen viviendo como reyes, es como uno de esos hoteles todo incluido al que van solo los gringos o ellos, comemos hasta reventar, tomamos hasta rodar por el suelo. En total somos más de trescientos y siempre nos turnamos, mientras unos toman los engomados vigilan y matan.

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3 Responses to “Cementerio 4 primera parte”

  1. Cristina VR says:

    ¡¡Noooooo!! Mató al trovador :’(

  2. Diegox says:

    “Ojala se muera”.
    jeje, q mae mas rudo.
    Muy buenos los cementerios :D

  3. Nargothround says:

    Waa en realidad queria como comentar todo el blog pero ni modo.
    El cuento del cementerio fasinante el que mas me gusto fue uno dos y tres, el cuarto tambien pero mas los otros tres.
    Waaa gracias por poner mi link por ahi
    y su disco rulez!!
    UN EXITO!

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