La tarde se desliza perezosa. Hace calor y algunas aves saltan de rama en rama. Los perros callejeros toman el sol, perdidos en sueños ancestrales de cacería y auténtica libertad.
Dentro del bus la temperatura aumenta, el aire es húmedo, inexplicable, pesado.
Abro la ventana y observo. ¿En qué piensa la niña que mira al cielo y ríe?
Un grito renueva la esperanza: ¡San José directo, nos vamos!
Entran las últimas personas, aun miró hacia afuera. Uno de los perros levanta una oreja. Imagino que hago un acercamiento, cambio de cámara, ahora es el perro el que está en primer plano en la esquina inferior izquierda. Yo estoy lejos en el fondo en la esquina superior derecha. Mantengo el enfoque y empiezo a hablar.
_Que calor…
Mientras pronuncio las palabras la toma muestra alternativamente, el perro, mis labios, el asiento de mi monociclo, el pasillo, un ojo azul que parpadea.
Esta vez la toma abarca el pasillo. En primer plano el asiento de adelante y al fondo la gente moviéndose.
Surrealismo, esa es la palabra que buscaba esta mañana cuando al caminar bajo unos árboles el viento, al violentarse de súbito, arrancó ramas y puso miles de hojas verdes a flotar en el vacío celeste. Mientras miraba las hojas imaginaba, como ahora, ángulos y enfoques.
La vida no es un corto de cine europeo, dije en ese momento, pero no me lo creí.
Algunas personas avanzan aun por el pasillo. Observo detenidamente sus rostros, ladeó la cabeza, como si un cambio de ángulo fuera suficiente para entrever sus pensamientos. Así la descubro, arrastra una enorme mochila por el pasillo
Miro al cielo, pero no es ese el azul perfecto que me cautiva. Surrealismo, digo en voz más o menos audible. Sé que no me escucha pero tal vez me vio verla. También puede que simplemente el asiento a mi lado sea el último libre.
La cámara imaginaria se coloca afuera y enfoca el interior del autobús a través del sucio cristal del la ventana. En primer plano mi cara con inexplicable expresión de congoja aparece intencionalmente desenfocada. Ella en cambio se muestra con sobrenatural nitidez, casi como si el color del universo circundante hubiese perdido toda saturación.
Nos movemos, o el universo se mueve a nuestro alrededor, o ambas cosas, o ninguna.
Hola.
Hola.
Entonces silencio, momento de pensar, de acomodar las palabras.
Imagino que si le pregunto cosas de su país ella se quejará sobre el estigma del viajero. Dirá que de nada sirve salir de su país si la gente que se encuentra en el camino la devuelve allá ametrallada a preguntas.
Repaso mentalmente todas las frases que conozco para romper el hielo, una pregunta o un comentario común, tal vez el clima. En estos casos funciona preguntar que le ha parecido el país hasta ahora. Pero eso sería muy común, no quiero usarlo y conociéndome, si lo intentara no me saldría.
Me encantaría contarle como he convertido mi cabeza en una cámara de video. Y que riéramos y que el deseo de saber de dónde viene me hiciera curiosear. Pero solo un poco, para no llevarla de regreso, para que se quede conmigo aquí en este bus, en este momento.
Sin embargo, el miedo a perderme en sus ojos destierra los míos al panorama externo, al sombrero del señor de adelante o al techo del bus. Rebusco desesperado en cada centímetro de mi pellejo un impulso que me permita decir algo, lo que sea. Pero es inútil, temo que este será uno de tantos viajes silenciosos
Ella mira el pasillo y a la gente. De pronto dice con su encantador acento, en español casi perfecto:
_Me gusta ver a la gente. Juego a que sus pensamientos son un guión que voy escribiendo en sus cabezas. Y que cada cosa que hacen responde a una línea que acabo de crear. Suena un poco loco pero es divertido ¿Verdad que si?
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excelente.
¡Hola Gab!
Me identifico mucho con este cuento, borrador o simple intento… Aunque a mí me parece que sí es un cuento.
Por alguna extraña razón, no encuentro mejor lugar para desempolvar pensamientos, ocurrencias y locuras que en el bus…, quizá por eso siento que está tan buena esta historia. Porque a mí también “me gusta ver a la gente e imaginarme que estarán pensando, por eso me gusta viajar en bus, es un poco como, estar en una película.”
Saludos
Creo que todos queremos ver así el mundo, no formar parte de él..
enamorarse solo con una mirada de la persona que tienes a par, y que viste solo hace unos segundos..sentir esa necesidad por saber todo ella..
Y si en un bus puedes ver e intarpretar un solo hecho de veinte formas diferentes..
…
En fin me gustó, está muy bueno